PARTE 2 — «¿Y SI NO SOY CAPAZ?»
La noche anterior a su primer vuelo, Alexander casi no pudo dormir.
No era falta de ilusión.
Era una mezcla de emoción, responsabilidad y nervios.
Había estudiado durante años para ese momento.
Había practicado.
Había escuchado consejos.
Había cometido errores y aprendido de ellos.
Pero ahora todo era diferente.
Ya no estaba imaginando cómo sería.
Ahora tenía que hacerlo.
Se levantó temprano.
Se preparó en silencio y observó su uniforme durante unos segundos.
Las insignias sobre sus hombros representaban mucho más que una profesión.
Representaban madrugadas.
Sacrificios.
Horas de estudio.
Dudas.
Y muchas veces en las que tuvo que decir “no puedo” para después obligarse a responder:
“Sí puedo. Solo necesito seguir.”
Antes de salir, llamó a su madre.
—Mamá.
—¿Sí, hijo?
Alexander respiró profundamente.
—Hoy hago mi primer vuelo como piloto.
Al otro lado de la llamada hubo unos segundos de silencio.
Después escuchó la voz emocionada de su madre.
—Sabía que algún día lo conseguirías.
Alexander sonrió.
—Tengo un poco de miedo.
—Tener miedo no significa que no estés preparado. Significa que entiendes la importancia de lo que vas a hacer.
Aquellas palabras le dieron tranquilidad.
Antes de subir al avión, Alexander sacó su teléfono.
Quería guardar aquel momento para siempre.
Entonces tuvo una idea.
Tomó una fotografía frente al avión mientras sostenía un cartel que decía:
«Hago mi primer vuelo como piloto, gracias por tu bendición.»
No era simplemente una fotografía.
Era un mensaje para las personas que habían estado con él durante todo aquel camino.
Especialmente para su familia.
Después guardó el teléfono.
Ya no había tiempo para mirar atrás.
Era momento de subir.
Cuando se sentó en la cabina, sintió que el corazón le latía con fuerza.
Miró los instrumentos.
Respiró.
Y pensó:
“Alexander, el niño que miraba los aviones desde abajo, finalmente está aquí.”
El avión comenzó a moverse.
Y mientras avanzaba por la pista, recordó todas las veces que había pensado que aquel día nunca llegaría.
Entonces llegó el momento.
El avión comenzó a elevarse.
Alexander miró por la ventana.
La tierra empezó a quedar atrás.
Y una emoción difícil de describir apareció en su rostro.
Había despegado.
Su sueño ya no estaba en el cielo.
Ahora estaba viviendo dentro de él.