La Mujer Más Rica de la Iglesia

La Mujer Más Rica de la Iglesia

Episodio 1
La Sra. Evelyn era la mujer más rica de la iglesia. Llegaba cada domingo con un vestido impecable, guardaespaldas en la puerta y una sonrisa amable… pero siempre desde lejos.
Nunca dejaba que nadie la tocara. Ni un apretón de manos, ni un abrazo, ni siquiera cuando el pastor imponía las manos para orar por los enfermos.
La gente susurraba: “Es orgullosa”, “Cree que es mejor que nosotros”, “Seguro tiene algo que esconder”.
El pastor Samuel la observaba cada domingo. No la juzgaba. Solo veía tristeza detrás de esos ojos.
Un día, durante la oración por sanidad, ella se acercó al frente como todos. El pastor levantó la mano para tocar su frente… y ella dio un paso atrás, con lágrimas en los ojos.
Toda la iglesia contuvo la respiración.
Esa noche, el pastor recibió una llamada de la enfermera del hospital: “Pastor, usted es el siguiente en la lista”.

Episodio 2
“¿Siguiente en qué lista?” preguntó el pastor, con el corazón acelerado.
La enfermera Lami bajó la voz: “Pastor, no puedo decir mucho por teléfono. Pero la Sra. Evelyn no es orgullosa. Está protegiéndonos a todos”.
Samuel fue al hospital a la mañana siguiente. Lami lo esperaba en la capilla vacía.
“Pastor, tiene que creerme. Tres personas que tocaron la frente de la Sra. Evelyn en los últimos 3 años… todas murieron en 72 horas. Revisé los archivos yo misma. No es coincidencia”.
“¿Y crees que yo soy el siguiente porque casi la toqué?”
“No. Porque vi su expediente. No está maldita, pastor. Es portadora”.
“¿Portadora de qué?”
“De SARM. Una cepa agresiva y rara. Vive en la piel, sobre todo en la frente y el cuero cabelludo. Normalmente es inofensiva. Pero si entra en una herida abierta, en un corte, en una llaga… mata rápido. Los que murieron tenían pequeños cortes que ni notaron. El pastor de Abuya tenía cortadas del afeitado. El chofer tenía eccema. Y usted… tiene ese rasguño en la mano de la semana pasada”.
Samuel miró su mano. Ahí estaba. Una línea roja delgada en sus nudillos.
“Así que cuando dio un paso atrás, no fue por orgullo. Fue para protegernos”, dijo Lami.
Samuel se sentó en el banco. Toda esa murmuración. Todo ese juicio. Y la mujer más rica de la iglesia solo intentaba no matar a nadie.