Más que amistad
En la secundaria, todos esperaban que Matthew y yo nos enamoráramos.
Nuestras familias bromeaban con ello. Nuestros amigos nos molestaban. Pero siempre insistíamos en que solo éramos amigos.
Hasta una noche después del entrenamiento de fútbol.
Mientras caminábamos a casa bajo las farolas, Matthew se detuvo.
—Tengo que decirte algo —dijo.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza.
—He estado fingiendo que solo te veo como una amiga.
Sonreí.
—Yo también.
Me besó antes de que el miedo pudiera convencerme de cambiar de opinión.
Estar con Matthew se sentía natural porque ya nos conocíamos completamente. Conocíamos nuestros sueños, miedos y defectos.
La universidad nos acercó aún más. Estudiamos juntos, celebramos victorias juntos y superamos derrotas juntos.
El día de nuestra graduación me llevó al pequeño restaurante donde habíamos pasado incontables noches estudiando.
Afuera, bajo el letrero de neón desgastado, se arrodilló.
—No puedo imaginar mi futuro sin ti —dijo.
Antes de que pudiera terminar la frase, respondí:
—Sí.
Se rio.
—No había terminado.
—Eras demasiado lento.
Cinco años después de la boda vivíamos una vida sencilla y feliz. Pensaba que sabía todo sobre mi esposo.
Entonces llegó el día que cambió todo.
La llamada telefónica
Tres semanas antes de nuestro quinto aniversario de boda, decidí sorprender a Matthew con un regalo.
Meses atrás lo había visto admirar un reloj en una joyería. Se fue diciendo que no lo necesitaba.
Pero yo lo recordé.
Ahorré dinero y se lo compré.
Aquella tarde llegué temprano a casa para sorprenderlo.
Su coche ya estaba en la entrada.
Matthew nunca llegaba antes de las cinco.
Entré en silencio.
Entonces escuché mi nombre.
Estaba hablando por teléfono.
Al principio no entendí todo.
Luego se rio.
—No te preocupes —dijo—. Ella ya cayó en la trampa en la secundaria.
Mis manos apretaron la bolsa del regalo.
¿Una trampa?
—He estado trabajando en esto desde que éramos adolescentes —continuó.
Sentí que mi corazón se hundía.
—Sinceramente, no estaba seguro de que algún día creyera que podía hacerlo.
¿Podía hacer qué?
Entonces dijo:
—Mi plan finalmente está funcionando.
Me quedé completamente quieta.
El regalo en mis manos de repente parecía insignificante.
Me fui antes de que pudiera verme.
Conduje durante una hora sin saber adónde iba.
Todos los recuerdos se repetían una y otra vez en mi cabeza.
¿Matthew me amaba?
¿O toda mi vida había sido cuidadosamente planeada?
Entonces pensé en todas las oportunidades que creía haber elegido yo misma.
La solicitud de beca que casi abandoné.
Los proyectos de escritura que casi ignoré.
Todos los momentos en los que el miedo casi ganó.
¿Realmente fueron mis decisiones?
¿O alguien había elegido por mí?