La leche también tiene una función protectora. Gracias a sus propiedades antifúngicas y antibacterianas, ayuda a desinfectar el suelo y a proteger las plantas jóvenes frente a enfermedades y plagas. Muchos insectos dañinos no toleran la lactosa, lo que convierte esta solución en un repelente natural. Se recomienda preferentemente la leche cruda, aunque la leche comercial también puede utilizarse.
Por su parte, la levadura contiene microorganismos beneficiosos que estimulan la actividad microbiana del suelo, favorecen el desarrollo de las raíces y ayudan a fortalecer las defensas de las plantas. Actúa como un auténtico probiótico vegetal.
Este método, fácil de preparar, económico y completamente natural, ha demostrado su eficacia en un huerto real. Encaja perfectamente con un enfoque ecológico, sin necesidad de utilizar fertilizantes químicos, y puede ofrecer resultados sorprendentes a quienes cultivan sus propias verduras en casa.