Escena Extra: “La Confesión”
Domingo en la noche. La iglesia estaba medio vacía. Solo sillas plegables y olor a himnarios viejos.
“Mi nombre es Evelyn Okafor”, empezó. “Hace tres años era enfermera en el Hospital Universitario de Ibadán. Unidad de Enfermedades Infecciosas. Cometió un error. Un paciente llegó con una herida abierta en la cabeza. SARM. No me guanté bien. Se lo transmití a otros tres pacientes antes de detectarlo. Dos sobrevivieron. Uno no. Un niño de 7 años”.
Su voz se quebró. “Abrazé a su madre mientras gritaba. Y le prometí que nunca dejaría que volviera a pasar”.
“Pensé que si me mantenía rica, distante, fría… nadie se acercaría lo suficiente para salir herido. Y nadie preguntaría por qué me estremezco cuando la gente se me acerca”.
Esa noche, uno por uno, los miembros de la iglesia se acercaron y pusieron una mano enguantada sobre el hombro de Evelyn. Sin palabras. Solo presencia.
Afuera empezó a llover. Pero esta vez, nadie corrió a refugiarse. Porque por primera vez en años, Evelyn no estaba sola en la tormenta.
FIN ❤️