Era un trozo de tela vieja. Descolorida. Sucia. Casi deshecha.
Pero en una esquina había tres pequeñas flores blancas.
Bordadas a mano.
Noah cayó de rodillas.
“Papá…”
Daniel se giró.
Daniel lo miró fijamente. Se le fue el color de la cara.
Luego susurró:
“No toques nada más”.
Veinte minutos después, había coches de policía aparcados frente a la casa.
Cuando la detective Claire Bennett entró en la habitación de Harold, todo cambió.
Aquella ya no era la casa del anciano.
Era la escena de un crimen.
Entonces llegó Margaret.
Vio la tela rosa y se quedó paralizada.
No gritó.
El silencio fue aún peor.
“Es Lily”, susurró. “Cosí esas flores con ella”.
Unas horas más tarde, uno de los agentes encontró una libreta marrón escondida en una vieja funda de almohada.
La detective Bennett la abrió.
Su expresión cambió.
Luego miró hacia la ventana trasera.
“Hay un cobertizo en el patio”, dijo.
A medianoche, los agentes estaban forzando la cerradura.
Dentro del cobertizo, bajo las tablas de madera, encontraron una puerta oculta.
Y debajo de ellos…
Una escalera que conducía a la oscuridad. 😨💔
PARTE 2